Dotado de una magnífica panorámica sobre el llano de Calafell se alza el montículo del castillo. Se llega a él a través de estrechas callejuelas de estilo medieval popular.
A lo largo de la primera mitad del siglo XI el montículo fue fortificado a causa de la conquista y repoblación del territorio frente a los musulmanes.
Al abrigo de la fortaleza creció el núcleo de Calafell. El visitante puede ver restos de la necrópolis de la Alta Edad Media, con tumbas antropomorfas excavadas en la roca.
Sobre la iglesia se encuentra el comunicador, edificio cuadrado y abierto a los cuatro vientos, destinado a alejar las tempestades, los demonios y a bendecir el término municipal. Las murallas del castilo dejan entrever, todavía hoy, las aspilleras para bombardas, construídas a fínales de la Baja Edad Media, así como el pozo y la gran cisterna central, también medievales.